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¿Por qué nos gusta un tipo de música, y otro no?

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Nuestro gusto musical empieza a formarse en el vientre materno. En la semana doce de gestación, el feto ya tiene un sistema auditivo completo con el que es capaz de oir música a través del líquido amniótico (suena parecido a escuchar música bajo el agua). Cuando el bebé tiene 1 año de edad muestra preferencia por la música que escuchaba en el útero. Hasta los ocho años, los niños absorben cualquier música que oyen, una etapa en la que el cerebro está trabajando duro para crear billones de conexiones nuevas.

Así como hay «períodos críticos» para la adquisición del lenguaje, también los hay para la adquisición del oído musical. Cuando los niños escuchan música, desarrollan sistemas neuronales para capturar las regularidades estructurales y tonales de esa música. Alrededor de los 12 años de edad, la música empieza a construir lazos afectivos sociales y la usamos para distinguir nuestro grupo social del resto: esta es la música que escucha la gente como nosotros, y esta otra música es para ellos. En la adolescencia nuestros gustos musicales están muy influidos por lo que nuestros amigos escuchan. La mayoría de nosotros basamos nuestro gusto musical en lo que nos gustaba cuando éramos adolescentes. En algunos casos y con esfuerzo, los adultos podemos expandir nuestro gusto musical. Pero si tuvimos un gusto reducido durante nuestros años de desarrollo, será más costoso de hacer porque nos faltan los esquemas apropiados con las que procesar y entender nuevas formas musicales.

Daniel Levitin, autor de «This Is Your Brain On Music: The Science of a Human Obsession» (Dutton/Penguin). Su libro figura actualmente entre los 100 más vendidos de Amazon.

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